Reflexiones en torno al paisaje mexicano a propósito del cine. Xochimilco.

Por: Amaya Larrucea.

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En la historiografía actual el cine es un instrumento al que se recurre cada vez con mayor frecuencia; sin embargo, el tema del paisaje mexicano aparece solo como una mención en algunos trabajos de otras materias. Intento aquí un primer acercamiento al paisaje mexicano a través del cine con el propósito de asomarnos a él y ver como aparece, preguntarnos qué valores representa y que podemos leer y aprender con nuestros ojos actuales.

En este artículo el cine es un motivo adecuado para hablar del paisaje de una forma diferente y enriquecedora, a la manera de la Escuela de los Anales para inesperadamente,  obtener imágenes vividas, que con dificultad son accesibles en otras fuentes que nos inviten a pensar el paisaje.

María Candelaria o el paisaje acogedor.

Esta historia, enclavada en los canales  de Xochimilco, fue la que dio inmensa fama a las películas de Emilio Fernández y Gabriel Figueroa. En México no fue unánimemente aclamada, pero después de recibir múltiples reconocimientos internacionales tuvo un segundo impulso que además se reflejó en el éxito de las películas filmadas por el equipo.

Escribió Efraín Huerta en la prensa.

      Es una cinta mexicana ciento por ciento… María Candelaria es la exaltación, la sublimación de uno de los paisajes más hermosos de nuestro país y la exposición en perfecto y acompasado tono dramático de una tragedia absoluta.

El cronista Alfonso Icaza destacó:

      (…) la belleza de sus escenarios naturales. Muy poco, lo indispensable, de interiores y nada absolutamente de sets al aire libre. Xochimilco, el sitio al que pudiéramos llamar más “fotogénico” de nuestro país, luciendo en todo su esplendor, gracias a la estupenda capacidad de Gabriel Figueroa.

MARIA

Desde los créditos de la película parece en el fondo el idílico reflejo del mundo xochimilca en el agua. La cámara acompaña lentamente a María Candelaria (Dolores del Rio) que rema su pequeña chalupa llena de flores rompiendo con un suave movimiento el paisaje reflejado en el espejo de agua de los canales. Al fondo, un cerro se asoma entre la barrera de ahuejotes que testifica la presencia de una chinampa. Sopla un tenue viento que hace inclinar las puntas de los esbeltos arboles que forman líneas frente a unas bellas nubes que cargadas de agua presagian una tragedia. El agua de los canales, visiblemente limpia y suficiente, llega prácticamente al ras de los campos agrícolas chinamperos. Flotan las ninfas mexicanas y se descubren pequeños manchones de tifas y tules iluminados por una luz refulgente. Las plantas como la lentejilla y el chinacastle aparecen punteando la superficie acuática.

Las chinampas, islas artificiales construidas a base de  capas de fango y vegetación lacustre sobre una malla de varas entretejidas, están sostenidas por las raíces de los ahuejotes de la misma manera en las que las idearon los primeros pobladores de la cuenca lacustre de México. Son franjas de terreno ganadas al lago, de una extraordinaria fertilidad y humedad que aseguran ubérrimas cosechas.

La protagonista es rechazada por su comunidad. Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz) la protege y le propone abandonar el pueblo. Ella, tomando con delicadeza un poco de tierra de la chinampa, le recuerda, “aquí nacimos los dos y aquí hemos vivido siempre. Ésta es nuestra tierra, mira qué negra y qué suave, ¿Cómo quieres que nos vayamos?”

La casa de la protagonista, típica de la zona, hecha de carrizo y lodo y techada de tule, con algunas calabazas colocadas sobre el tejado, se convierte en el refugio de su dolor. Solamente una pequeña ventana se abre al paisaje, frente a un dique de tierra que sirve como puente para comunicar una parcela con otra. Al fondo una milpa y mas allá, contra el cielo, la solemne línea de ahuejotes.

MARIA-Y-LORENZO

María Candelaria se pasea llevada por Lorenzo Rafael en la chalupa en una noche iluminada por la plateada luz de la luna. Recoge una flor de ninfa mientras el reflejo de las nubes en el agua la lleva por un cielo terrestre. Inolvidable escena donde recostada sobre la chalupa, mientras él rema en silencio pregunta: ” ¿Me queres mucho, Lorenzo Rafael?”  Él solamente sonríe y ella afirma convencida: ”Si me queres mucho”.

Una escena colectiva bellamente filmada es aquella en la que los protagonistas acuden a la ceremonia de bendición de animales realizada en la capilla de la Santísima Trinidad Chichilco, un templo de barrio de una nave con cúpula y una pequeña torre. Otra es cuando ella, enferma de paludismo, aparece en un paisaje de lluvias y truenos que acompañan el deterioro de su salud.

La escena final ha sido hermosamente descrita por Ángel Lázaro: “María Candelaria, muerta, cubierta de flores, más bella que nunca, se pierde rio arriba, bajo la mirada impasible de su amado, hacia la tierra madre que ha de arropar su sueño”.

Fragmento tomado de:  Mazari, Marcos y Wiener, Gabriela (coords.) Arquitectura de Paisaje: Obras, Proyectos y Reflexiones, Méxic, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012.

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