Visita a la Zona Arqueológica de Cantona

Por Isadora Zúñiga

Fotografía © Luis Martínez

 A dos horas y media de la ciudad de México, en el estado de Puebla, nos encontramos con la zona arqueológica de Cantona. A esta visita nos congregamos un pequeño grupo de personas motivado por descubrir, el que dicen,  un lugar peculiar, caracterizado por su ubicación geográfica que determina la imagen paisajística circundante y su configuración urbana y arquitectónica.

Durante el trayecto disfrutamos de un paisaje de bosque que conforme avanzamos hacia la zona arqueológica cambia a un paisaje xerófito  compuesto por majestuosas yucas, nolinas y dasilyrion, combinado con relictos de encinos, pinos y pirules, que muy pronto conforman el paisaje natural de Cantona.

Al llegar, lo  primero que nos encontramos es el museo de sitio, una edificación contemporánea que enmarca el acceso a las ruinas arqueológicas y nos invita a iniciar el recorrido a través de una intrincada red de caminos irregulares en su trazo y de superficies abruptas, cuyo material pétreo es producto de la erupción del volcán Jalapasco, del que cabe mencionar, forma parte de la cadena montañosa  que rodea a esta zona y que conforma el paisaje lejano que otorga singular belleza a este conjunto.

Fotografía © Luis Martínez

Esta ciudad no está definida por un eje principal, ni por la simetría de sus espacios, sino por la irregularidad de sus vías y desniveles; y es a través de lo que serían calles, callejones y avenidas de la zona arqueológica por los que circulamos y vamos descubriendo las  plataformas, basamentos, patios y espacios vacíos conocidos como juegos de pelota que configuran una serie de recorridos sorpresivos, en los que ascendemos y descendemos gracias a la topografía y la construcción del sitio, lo que nos permite tener múltiples vistas del paisaje que nos envuelve.  Otro elemento que enriquece la belleza de este lugar es la piedra basáltica con la que se edificó, que con el paso del tiempo se ha tornado en tonos ocres combinados con el verde del musgo y liquen que de él emergen.

Sin duda la zona arqueológica de Cantona se destaca por dos rasgos que lo distinguen: el natural y el construido, que en concordancia, hacen de este conjunto un lugar memorable.

Fotografía © Luis Martínez

                                                                                                                                                                                     
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